¿Y por casa, cómo andamos? Culturalmente hablando…

En una sociedad donde a la hora de decir verdades pareciera primar la agresividad nos pusimos a investigar para repensar que es lo que nos hace cultos, personas con cultura.

Creyendo que la cultura nos hace libres de pensar, libres de opinar y libres de decidir, lo cuál realmente es cierto, nos hemos hecho un poco adictos de lo instantáneo y dejado de lado lo pensante.

En varios lugares de nuestro país se considera antipática o agrandada a una persona que entra a un lugar y no saluda, siendo que en otros países a esas personas efusivas al saludar en nuestro país, que se sienten muy educadas, por ese mismo motivo (saludar en la vía pública) las meterían presas. Por ejemplo: en Arabia Saudita es completamente ilegal saludar a una persona de sexo opuesto en la calle o que las mujeres caminen acompañadas por un hombre que no sea el marido. En 2008 hubo un caso en el que una mujer de los Estados Unidos se puso a hablar con un hombre en Starbucks e inmediatamente la arrestaron y la obligaron a firmar falsas declaraciones. En este país también queda prohibido que las mujeres conduzcan coches, que voten, que sean empresarias o que sean testigos en juicios.  Sí llevásemos allí un grupo de protestantes Argentinos quizá no durarían ni 5 minutos en la protesta.

Sí me siento muy culto por haber leído muchísimos libros y se me presenta la situación de describirle en una biblioteca uno de ellos a una persona que no conoce mi idioma y yo no “parlo” el de él, mi cultura se vería limitada por el idioma.

O si tomo muchos cursos de protocolo y ceremonial, y sé de preparar mesas importantes, donde colocar cada cubierto y varias copas, una para cada bebida. Pero nunca me senté a pensar que pasa cuando no hay nada para poner en la mesa, mi cultura puede estar limitada una vez más.

Una definición simple de Cultura:

El término cultura, que proviene del latín cultus, hace referencia al cultivo del espíritu humano y de las facultades intelectuales del hombre. Su definición ha ido mutando a lo largo de la historia: desde la época del Iluminismo, la cultura ha sido asociada a la civilización y al progreso.

En general, la cultura es una especie de tejido social que abarca las distintas formas y expresiones de una sociedad determinada. Por lo tanto, las costumbres, las prácticas, las maneras de ser, los rituales, los tipos de vestimenta y las normas de comportamiento son aspectos incluidos en la cultura.

Otra definición establece que la cultura es el conjunto de informaciones y habilidades que posee un individuo. Para la UNESCO, la cultura permite al ser humano la capacidad de reflexión sobre sí mismo: a través de ella, el hombre discierne valores y busca nuevas significaciones.

 

 

¿Y por casa como andamos?

El escritor ruso Antón Chéjov enumeró algunas características que definen a una persona verdaderamente culta, entre las que encontramos el respeto, educación, gentileza, simpatía y empatía por los demás, una absoluta sinceridad, no se auto compadecen, no hay vanidad y ven más allá de lo que está frente a sus ojos.

Son muchos los artículos donde se enumeran los hábitos de una persona culta, se trata de Goglear y listo.

¿Pero si reflexionamos sobre nosotros mismos? ¿Cuánto respeto la cultura del otro? Entendiendo que la cultura la hacen también el origen, la casa donde fui criado, las costumbres que se inculcaron. Pensar que el otro es distinto y que es muy bueno que así sea nos lleva a alimentar la curiosidad y el interés por el otro (eso sí que me hace más culto). Hoy si buscamos en internet la palabra social, ya no encontramos imágenes de personas juntas, sino de personas mirando su celular. Porque ahora los social es en red. Y es la realidad, asumida o no, la tecnología también nos acerca y modifica nuestra cultura, entre los consejos para ser más culto se encuentran “jugar videojuegos”.

Por esto y algunas razones más nos preguntamos ¿Por casa como andamos?

Vamos al teatro, a cultivar nuestra mente. No perdamos tiempo y dinero en ver que se puso el otro o en que auto anda.

Leemos cuentos a nuestros hijos por el disfrute de apachucharnos antes de dormir, más que por la presión de ser “buenos padres” o tener hijos cultos.

Vemos obras de arte, sí, las clásicas de nombres reconocidos. Pero también las de acá a la vuelta de artistas de mi ciudad que puedo ir conociendo por sus colores y pinceladas predominantes.

Estudiá muchos idiomas pero no saltées el de tu “hijo rebelde” algo importante está diciendo. O el de tu “esposa gritona” un abrazo calma hasta a la fiera más enojada, culturalmente hablando.

¡Leer prensa! Dale, léelo hasta el final. No vale solo el encabezado compartido en Facebook

Mirá películas, pedí consejos. Mirálas en su lengua original y con subtítulos. Podés mirarlas solo comiendo una pizza, no te hace menos culto. Podés retroceder varias veces si no entendés, o si te interrumpió la fucking red social.

Somos curiosos. Preguntar, sí que te hace más culto. Decir “no sé” está permitido. ¿Y si el otro te pregunta? Guarda con hacerte el sabelotodo, eso sí que baja en ranking. Una persona culta debería hacer sentir bien al otro.

Dicen, sobre gustos no hay nada escrito (nada más alejado de la realidad). Podés ser de los que piden de la carta siempre lo mismo y no querer correr riesgos, pero si te animás a probar lo que pidió el otro, o a cocinar comidas originarias de otros lugares, lograrás sentir por un momento lo que el otro describe, puede ser muy interesante y sumarás conocimiento. Nada como un buen guiso de lentejas, dicen algunos. Prometo probarlo.

Muchos hemos fingido alguna vez ser más cultos de lo que realmente somos, pero opinólogos no es algo que nos concierna a todos. Un proverbio muy bueno dice: “Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio”  

Ser culto puede ser mucho más fácil y placentero de lo que muchos creen. Se trata de una inversión en uno mismo, visto así suena más interesante. La cultura está al alcance de todos. Gozamos de hermosas bibliotecas, talleres de todo tipo, educación estatal, artistas de gran nivel… Si me cultivo soy mejor, mejor para mí, mi familia y mi sociedad. Arranquemos cultivando primeramente las buenas costumbres. Mi libertad termina donde comienza la del otro nos enseñaron una vez. Algunas cosas nunca van a pasar de moda.

 

 

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